Fin del verano 

El padre de mi mejor amigo me llevó en coche hasta el puerto de Ibiza. Yo apenas había dormido la noche anterior. Cuando volví a la casa ya era de día. Recuerdo subir unas escaleras y tener la sensación de escapar. Era el fin del verano del año 1990 y yo tenía 18 años. En junio había superado sin pena ni gloria la prueba de selectividad. Había pasado un año bastante complicado. Suspendí tres asignaturas en el primer semestre del COU (Bachillerato) y en el Colegio estaban convencidos de que iba a repetir curso. 

Durante unos meses me recluí en casa. Al final conseguí pasar curso. No tenía la mínima idea de lo que quería hacer con mi vida y tampoco conocí en aquella época a una persona que me inspirara o que me escuchara realmente. 

Después de mis suspensos mis padres me castigaron sin salir los fines de semana. Los padres de mis amigos se reunieron al menos en un par de ocasiones para hablar de lo preocupados que estaban por todos nosotros. Puedo asegurar que les dimos bastantes motivos para ello. 

Pero volvamos al puerto de Ibiza. Ahora me asalta una duda: ¿Era el puerto de Ibiza o el de San Antonio? Es igual. Me despedí del padre de mi mejor amigo y subí al ferry. Debió ser la peor travesía de mi vida, pero la verdad es que no recuerdo mucho del viaje. Me puedo ver tumbado en algún lugar de la proa del barco, desesperado y con una profunda y asfixiante sensación de soledad. 

El ferry debió llegar a Denia o algún lugar similar. No guardo el mínimo recuerdo de aquella escala. La siguiente escena de aquel viaje que recuerdo es en un autobús camino de Madrid. Yo estaba sentado al lado de un hombre de mediana edad. Era un hombre simpático o al menos eso creo recordar. Debimos mantener algún tipo de conversación y este hombre, bueno y simpático, pero no estúpido, seguramente advirtió el penoso estado en el que me encontraba. 

A la entrada de Madrid pasamos por la típica barriada industrial y, justo en ese momento, mis tripas decidieron pronunciarse y dejarme en evidencia. El pedo que me tiré fue antológico, espectacular. 

Yo no sabía donde esconderme. Entonces el hombre que estaba sentado a mi lado dijo: «Pero mira que huele mal en esta parte de la ciudad». Los dos jóvenes que viajaban en los asientos situados justo delante nuestra estallaron en grandes carcajadas. Yo no me atreví a separar la vista de la ventana. No miré al bueno del señor que en vano intentaba encubrirme. 

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2 pensamientos en “Fin del verano 

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