Au revoir Monsieur Pita !

He enseñado el castellano durante un año y medio en el Liceo Jean Baptiste Say del distrito 16 de París. Yo contaba trabajar allí hasta el fin del curso escolar, es decir, hasta finales del mes de junio. No ha sido así. La profesora a quien remplazaba ha vuelto antes de lo que esperábamos.
El pasado viernes 21 de diciembre fue mi último día de clase. Mis alumnos de première (penúltimo año del liceo) me despidieron a lo grande. Me hicieron vivir una de las mejores experiencias de mi vida como profesor. Fue una despida alegre.
El último día no dimos clase. La víspera les había avisado que sería mi último día. Me instaron a dirigirles unas palabras. Ya sabía lo que les iba a contar. Les confesé que gracias a dar clase a chavales de su edad, 16-17 años, había recuperado la mejor época de mi vida. Les hablé de cuando tenía su edad. Yo me sentía invencible, “tout-puissant” fue el adjetivo en francés que utilicé. Comencé por aquel entonces a hacer “conneries” (jilipolleces o estupideces, según se prefiera). Al principio, durante 3º de BUP, no hubo consecuencias negativas en mi vida. Todo iba de maravilla. Pero, al año siguiente, en COU, en lo que ellos llaman Terminal, las cosas se torcieron muy rápidamente. Pasé un verdadero infierno. Toda esa placentera sensación de ligereza se esfumó para no volver jamás. Les dije que debían cuidar y proteger ese tesoro.
Tras mi pequeño discurso vimos el final de Machuca, una película chilena que narra la amistad entre dos niños de clases sociales muy distantes durante el golpe de estado de Pinochet.
Cuando sonó el timbre me pidieron que esperase un momento y que cerrara los ojos. Salieron de clase y formaron un pasillo de la puerta hasta el patio del liceo. Al salir de la clase corearon mi nombre. Fue muy divertido ser, por unos instantes, el centro de atención del patio del colegio.
Esta alegre y simpática despedida me ha dejado un buen sabor de boca que compensa todos los esfuerzos y sinsabores de este último año y medio.
No pude despedirme de mis clases de seconde ya que hasta el miércoles 20 de diciembre no supe con certeza que no continuaría en el liceo. De la otra clase de première me despedí el jueves al final de la hora. Gran parte de la clase me rodeo y algunos alumnos me preguntaron que pensaba hacer a continuación. Los chicos me dieron la mano al despedirme de mi.
Hacía unos días había escrito un pequeño texto para realizar una compresión oral para mis alumnos de seconde. El texto versaba sobre la casa en la que crecí, terminaba así:
Ya no es mi hogar aunque haya vivido tantos años allí. Mi casa son mis recuerdos, los buenos y los malos. Mi casa es donde quiera que me encuentre. Cualquier lugar en el que pueda pensar y recordar.

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